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Miguel Ángel

Miguel Ángel

El genio universal del Renacimiento

Antes incluso de haber cumplido los 30, el artista Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) ya había esculpido las estatuas de David y la Piedad, dos de las esculturas más famosas de la historia del arte occidental. Junto con su colega florentino Leonardo da Vinci, Miguel Ángel es uno de los principales candidatos al título de arquetipo de hombre del Renacimiento. Escultor, pintor, ingeniero y arquitecto, los logros de este maestro italiano están recogidos en los espléndidos libros de TASCHEN, publicaciones que dan fe del enorme alcance de su vasta y polifacética obra.

Miguel Ángel es la encarnación del Alto Renacimiento y el estilo manierista. Sus obras se caracterizan por su escala ambiciosa, la compleja composición y el examen minucioso de la figura humana, además de señalar referencias iconográficas y decorativas de la Antigüedad clásica. Miguel Ángel disfrutó del mecenazgo de la Casa de Medici, una acaudalada familia florentina. La Academia de Florencia sigue albergando muchas de sus obras. Puede que David sea su obra más emblemática, pero el relieve Virgen de la escalera, las estatuas de mármol Madonna Medici y La Virgen y el Niño, y su monumental Baco ebrio son ejemplos de una escultura de gran profundidad. Los libros de TASCHEN sobre Miguel Ángel tejen su biografía con un inventario de pinturas, esculturas, edificios, bocetos, dibujos e ilustraciones, en reproducciones de alta calidad con detalles ampliados.

Desde su más temprana juventud, Miguel Ángel transformó su tormento personal en exquisita creatividad, intentando reconciliar las fuerzas aparentemente en conflicto que habitaban en él: las pasiones terrenales y el temor a Dios. Ese es el origen de los monumentos a la belleza, tanto celestial como infernal, que Miguel Ángel realizó a mayor gloria de Dios. Su fresco El Juicio Final, una compleja obra humanista que cubre el techo y la pared del altar de la Capilla Sixtina, es una pintura que responde a esta misma consideración celestial. Su detalle más exquisito, La sibila libia, está congelada en una pose dramática y retorcida de movimiento ambiguo. Sin embargo, Miguel Ángel ya había terminado su viaje. Incluso durante su vida se referían a él como a un dios: Il Divino, el divino.

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