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Hablando con Peter Lindbergh

El fotógrafo nos habla de la belleza y la bestia del Photoshop

¿Cuál es el mensaje central o el espíritu que le guía en su práctica fotográfica?
Hay más de un mensaje: la fotografía en sí misma debe mencionarse antes que cualquier otra cosa, si uno acepta que se le etiquete como fotógrafo. Además, es importante plantearse algunas preguntas: ¿Qué representas? ¿Tienes un punto de vista? Los fotógrafos deben ser conscientes de sus responsabilidades. Actualmente, se hacen muchas cosas a las mujeres a través de la fotografía de moda con las que no puedo estar de acuerdo. Existe esa demoledora religión de la perfección absoluta y la juventud como las herramientas más importantes para definir a las mujeres y creo que es inaceptable que, en nuestra época, la belleza deba definirse por intereses comerciales o basarse en amplias manipulaciones con la ayuda del Photoshop.

¿Qué o quién es tu tema favorito?
Permítame que aproveche esta pregunta para ampliar mi primera respuesta, ya que el mensaje y el espíritu continúan siendo importantes. Hace unos días que finalicé mi tercer calendario Pirelli para el próximo año 2017. Como disponía de total libertad, quise asumir el ambicioso reto de probar con retratos de lo que yo definiría actualmente como una visión más veraz de la belleza. Para lograrlo, elegí a 15 mujeres que cuentan con mi amor y admiración, y con las que mantengo una estrecha relación desde hace bastante tiempo. Todas son actrices. He incluido esta breve nota en el calendario: “En un momento en el que las mujeres están representadas en los medios de comunicación y en todas partes como embajadoras de la perfección y la juventud, pensé que era importante recordar a todo el mundo que existe una belleza diferente, más real y sincera, libre de manipulación por intereses comerciales o de otro tipo, una belleza que habla de individualidad, el coraje de ser uno mismo y la sensibilidad propia.” Este es mi tema favorito.

Es usted famoso por su sensibilidad fotográfica y su capacidad de crear un relato en torno a una sesión de fotos de moda. ¿Qué hace que una imagen sea poética para usted?
Cuando miro a mi alrededor y veo que, hoy en día, la mayoría de fotógrafos utilizan la manipulación como herramienta principal, no puedo evitar pensar que, por ese motivo, rara vez vemos a fotógrafos que basen su trabajo en su creatividad verdaderamente auténtica. También veo a muchos fotógrafos que van de un lado a otro, conectando con tendencias y otras influencias mayoritarias. Para mí la poesía tiene que ver con la sinceridad y con ser real y personal, tomando como referencia tu verdadero yo.

¿Puede hablarnos de su interés por el cabaret, el ballet, la Bauhaus y el cine, y en cómo han influido en su lenguaje estético?
Esto se debe a mi época en Berlín. Viví hasta los 17 años en Duisburg, de allí me mudé a Lucerna, en Suiza, y ocho meses después me trasladé a un Berlín que me recibió con los brazos abiertos. Cuando llegué, tenía 18 años y una gran necesidad de cultura: teatro, películas como Metrópolis y El ángel azul con Marlene Dietrich, Kurt Weil y Brecht, galerías, museos, happenings, artistas, clubes nocturnos y cabarets, y librerías. Descubrí a Beckman, Paul Klee, Schwitters y los dadaístas. De repente todo era posible e inspirador. El amor por el ballet vino más tarde, “infundido” por mi amiga, ya desaparecida, Pina Bausch y los bailarines japoneses de vanguardia bajo la dirección de Ushio Amagatsu y su compañía Sankay Juku.

¿De qué modo ha influido su ascendencia alemana y su infancia en la cuenca del Ruhr en su obra? ¿Quizá ha determinado su elección de escenarios, estados de ánimo o de la paleta de colores?
Al contemplar mi obra, se sabe al instante, sin lugar a dudas, que el fotógrafo no creció en Venecia o en Florencia. Crecí rodeado de una lúgubre arquitectura industrial descomunal de un tono gris oscuro, un entorno lleno de fábricas y polvo. Mi querido amigo Wim Wenders procede de un pueblo a 25 km de distancia, y la estética visual que compartimos es muy similar. Me gusta hasta el último detalle de todo lo que hace.

¿Qué papel desempeña la personalidad de un fotógrafo en la interacción entre el sujeto/modelo y la cámara?
El camino para lograr algo extraordinario es siempre el mismo: “Debes ser tú mismo y debes ser auténtico”. El hecho de no posicionarse tiene un impacto muy fuerte en la gente a la que se fotografía. Diane Arbus hizo una vez una declaración absolutamente hermosa sobre esta cuestión: “Cuando me encuentro ante algo, en lugar de colocarlo, me coloco a mí misma”. No se puede expresar mejor. Es una metáfora maravillosa para la empatía, y también para la tolerancia, y muestra una profunda comprensión de lo que sucede entre el fotógrafo y su modelo.

Su nuevo libro con TASCHEN abarca cuatro décadas y más de 400 imágenes. ¿Cómo describiría la experiencia de seleccionar tanto material? ¿Ha descubierto alguna sorpresa o patrón durante el proceso?
Sí, desde luego. Me he dado cuenta de que he trabajado ignorando esas tendencias que han cambiado tan rápido a lo largo de estos años y reconozco que me siento un poquito orgulloso de que mis ideas hayan evolucionado pero no cambiado. Con este repaso también he confirmado mi admiración por la brillantez y la enorme creatividad que los diseñadores aportan a su lugar de trabajo. Además, soy mucho más consciente de la posibilidad de ocupar un lugar más relevante, aunque solo sea un poco, en un momento en el que muchas cosas parecen ser más importantes que descubrir si el rosa es realmente el nuevo negro... o no.

¿Qué le gustaría que esta publicación aportara a sus lectores, ahora y en el futuro?
Que los inspire, que les ayude a pensar de una forma diferente, y, con suerte, a lo grande, sobre el máximo de cosas posible... ¡incluso sobre la fotografía!