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Otro país

Cómo la Farm Security Administration mostró Estados Unidos a los estadounidenses

Dorothea Lange. Vivienda de un campesino mexicano migrante situada en los confines de un campo de guisantes helado, Imperial Valley, Imperial County, California, marzo de 1937.
Dorothea Lange. Vivienda de un campesino mexicano migrante situada en los confines de un campo de guisantes helado, Imperial Valley, Imperial County, California, marzo de 1937.
En plena Gran Depresión, la Farm Security Administration se propuso documentar la pobreza que se vivía en las zonas rurales del país y así “dar a conocer Estados Unidos a los estadounidenses”.

El 24 de octubre de 1929, una fría pero soleada mañana de otoño, el ministro de Hacienda británico, Winston Churchill, visitó Wall Street. Desde hacía varios días se vivía un nerviosismo generalizado a raíz de las fluctuaciones extremas del mercado bursátil. Esa mañana, la sesión había empezado bastante tranquila. Pero, en torno a las once, se desató una oleada de pánico. Tal como el futuro primer ministro de Gran Bretaña recordaría en sus memorias: “Los corredores caminaban de un lado a otro como en una película a cámara lenta de un hormiguero, ofreciendo lotes enormes de acciones a un tercio de su precio anterior y a la mitad de su valor en curso, y durante largos minutos sin encontrar a nadie lo bastante fuerte como para recoger las fortunas seguras que se veían obligados a ofertar”. Aquel día se suspendieron las transacciones en varias ocasiones y, en un lapso de solo dos horas, el desplome de los precios borró del mapa más de once mil millones de dólares.

Al día siguiente, los efectos del Jueves Negro se extendieron a Europa, donde el Viernes Negro marcó el inicio de una cadena de acontecimientos catastróficos que llevó al colapso de la economía mundial. Así comenzó la Gran Depresión, una crisis económica global que Estados Unidos solo superó con su entrada en la Segunda Guerra Mundial.

Las repercusiones directas del crac del mercado bursátil fueron un cataclismo. Después de que el mercado se derrumbara como un castillo de naipes, el pánico se apoderó de todos los sectores. Los bancos dejaron de conceder préstamos, las empresas se vieron obligadas a echar el cierre, el desempleo ascendió a un 25 % y, en 1932, los ahorros medios se habían reducido a menos de la mitad.

La crisis se cebó especialmente en la población rural. Los agricultores ya pasaban penurias en la década de 1920. La fuerte demanda de una Europa devastada por la guerra había espoleado una sobreproducción, que a su vez había conllevado una caída de los precios. Luego, a medida que Europa se fue recuperando, las ventas al viejo continente se estancaron. En los años que siguieron, las deudas obligaron a uno de cada cuatro agricultores a vender sus propiedades. Los desastres naturales empeoraron las cosas todavía más. Con el fin de incrementar las tierras dedicadas al cultivo, se segaron numerosas praderas, lo que acabó con unas hierbas cuyas raíces protegían del deterioro las capas superiores del suelo. En la década de 1930, largos períodos de calor y sequía incesantes causaron la erosión del suelo de una extensa área de las Grandes Llanuras, una amplia franja de tierra que se extiende por el centro del continente, desde Canadá a Texas.

Allí, en lo que pasó a conocerse como el Dust Bowl o “cuenco de polvo”, los habitantes sufrieron el azote de unas tormentas de arena tan virulentas que no tuvieron más remedio que abandonar sus tierras y emigrar, principalmente a California. En el punto álgido de la devastación, en 1936, más de dos millones y medio de personas abandonaron sus hogares.

La agricultura se convirtió en uno de los temas centrales de la política interna. El New Deal de Roosevelt fue un intento de contrarrestar el desánimo colectivo mientras se sentaban las bases para las reformas. Además de implementar medidas de asistencia social y cambios en el derecho laboral, la atención se centró en el desarrollo de programas de ayuda destinados a los agricultores más empobrecidos que antaño habían poseído o arrendado tierras. En 1935, el economista Rexford Tugwell animó a Roosevelt a crear la Resettlement Administration, rebautizada con el nombre de Farm Security Administration en 1937. Su tarea sería reubicar a los agricultores de las regiones del Dust Bowl. Se creó una sección histórica para documentar el proceso. A su cabeza se encontraba Roy Stryker, de la Universidad de Columbia.

Marion Post Wolcott. Cabañas previamente ocupadas por obreros y recolectores migrantes declaradas en ruina por las autoridades sanitarias, Belle Glade, Florida, enero de 1941.
Marion Post Wolcott. Cabañas previamente ocupadas por obreros y recolectores migrantes declaradas en ruina por las autoridades sanitarias, Belle Glade, Florida, enero de 1941.


El objetivo de Stryker era crear una imagen de la América rural en el umbral de la era moderna para transmitirla a las generaciones futuras. Stryker, que vocacionalmente se inclinaba más por la economía que por la fotografía, siempre había estado convencido del valor de la segunda como medio para ilustrar asuntos económicos. En lugar de adoptar el planteamiento de que “una imagen vale más que mil palabras”, creía que “la fotografía es solo el complemento, el hermano pequeño, de la palabra”. El proyecto de Stryker se convirtió en la mayor colección de fotografías documentales con propósito social del xx.

Entre 1935 y 1943 más de 40 fotógrafos participaron en la campaña de la FSA. Arthur Rothstein, contratado inicialmente para poner en marcha el laboratorio, Walker Evans, Theodor Jung, Dorothea Lange, Carl Mydans (que fue reemplazado un año después por Russell Lee), y Ben Shahn fueron los primeros fotógrafos contratados por Stryker. Más tarde se les unieron, entre otros, Jack Delano, Marion Post Wolcott, John Vachon, y Gordon Parks. Stryker no siguió ningún criterio específico para hacer la selección. Algunos, como Walker Evans y Ben Shahn, habían trabajado previamente para la Administración de Estados Unidos; a otros, como Arthur Rothstein, Stryker los conocía gracias a su etapa en Columbia, y de Dorothea Lange le había llamado la atención su trabajo en California.

Con independencia de tener una relación más o menos cercana con Stryker, muchos de los fotógrafos que participaron en el proyecto destacaron su actitud cálida y respetuosa, que Dorothea Lange recordó en una entrevista en 1964: “Roy Stryker [...] tenía instinto para saber qué era lo importante. Es cuestión de instinto. Además, es un magnífico perro guardián para los suyos. Si formabas parte de su equipo eras uno de los suyos, y él estaba ahí para protegerte, y de qué manera”.

Stryker no solo aleccionaba a los fotógrafos y les recomendaba lecturas, sino que, mientras estaban de viaje, les mandaba “guiones técnicos” con instrucciones muy específicas sobre lo que debían fotografiar. Un guion de Stryker para un fotógrafo que estuviese trabajando en una ciudad pequeña podía sugerirle que se centrara en escenarios concretos, como teatros, tiendas, un taller de automóviles, un salón de peluquería, el ayuntamiento, la prisión, la estación de bomberos, y hasta bocas de riego o señales de tráfico.

También podía solicitar que fotografiaran cómo pasaban el tiempo libre personas con distintos niveles de ingresos. Los fotógrafos enviaban sus carretes a Washington para revelarlos en el laboratorio fotográfico del departamento. A su vez, recibían las hojas de los contactos con instrucciones de escribir pies de foto para las instantáneas que Stryker había seleccionado.

Al comparar el trabajo de los fotógrafos que él había reclutado con el de los reporteros gráficos, Stryker declaró que “las imágenes periodísticas son el sustantivo y el verbo; nuestras fotografías son el adjetivo y el adverbio”.

Mientras los fotoperiodistas retrataban a personas y acontecimientos con la intención de ilustrar una noticia, los fotógrafos de la FSA capturaban el sabor y el olor de los paisajes. En palabras de Stryker: “Se trata de un planteamiento más amplio, como un acento o un estado de ánimo, pero más a menudo una escena y no pocas veces toda una historia”.

Hacia 1941, la presión sobre la FSA para justificar su existencia era cada vez mayor. Una vez que la FSA se fusionó con la Office of War Information, Stryker pasó a tener poco control sobre la elección de los temas. Él mismo acordó con la Biblioteca del Congreso que esta pasara a custodiar la colección. Este paso marcó el final de la fase activa del proyecto de la FSA y en las décadas siguientes sus fotografías documentales sufrieron un olvido generalizado. Tan solo las imágenes icónicas tomadas por los fotógrafos de la FSA sobrevivieron en la memoria visual de las generaciones siguientes: La Madre migrante de Dorothea Lange, la Tormenta de polvo de Arthur Rothstein, las fotografías de Walker Evans de Nueva York y su instantánea del cementerio de Bethlehem, así como las escenas de Gordon Parks sobre la vida de Ella Watson, entre las que se cuenta la famosa Gótico americano. En 1962, una exposición en el MoMA comisariada por Edward Steichen allanó el camino para el redescubrimiento de la colección.

Desde entonces han ido publicándose libros con fotografías de la FSA, la mayoría de ellos dedicados a fotógrafos, regiones o temas específicos, pero muchas otras imágenes no han salido a la luz. Recuperadas de los archivos, nos ofrecen el testimonio no solo de un proyecto de fotografía documental sin precedentes, sino también de una nación en la que, en una época de terribles dificultades, la gente tenía el coraje suficiente para sacar fuerzas de flaqueza y volver a empezar.

Gracias a estos viajes y a las fotografías que tomé, llegué a amar los Estados Unidos más de lo que lo habría hecho de ninguna otra manera.” —Jack Delano

© todas las imágenes: Fotografías en blanco y negro de Farm Security Administration/Office of War Information/Office of Emergency Management/Resettlement Administration de Estados Unidos (Prints and Photographs Division, Biblioteca del Congreso, Washington, D. C.)
Arthur Rothstein. Salem, Illinois, febrero de 1940.
Arthur Rothstein. Salem, Illinois, febrero de 1940.