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Grabados de vanguardia

La revolución vienesa de la xilografía en color

Carl Anton Reichel: Desnudo femenino, 1909, Viena, Albertina.
Carl Anton Reichel: Desnudo femenino, 1909, Viena, Albertina.
Ludwig Heinrich Jungnickel: Grillo fumando, 1910, colección privada.
Ludwig Heinrich Jungnickel: Grillo fumando, 1910, colección privada.
Nora Exner: Perro, 1902, Viena, Universidad de Artes Aplicadas, Colección y Archivo.
Nora Exner: Perro, 1902, Viena, Universidad de Artes Aplicadas, Colección y Archivo.
Tobias G. Natter explora la relación entre artesanía y modernismo en la Viena de fin de siglo.

En comparación con otros movimientos de fin de siglo, el jugendstil vienés llegó tarde a la fiesta modernista. Mucho antes de que la capital imperial de Austria abrazara este espíritu artístico renovador, el art nouveau y el stile floreale ya estaban barriendo en Francia e Italia con sus motivos estilizados. Pero fue aquí, al abrigo de la grandiosa monarquía del Danubio, donde los principios del art nouveau se desarrollaron de modo incomparable. Con la fundación del grupo de la Secesión vienesa y su lema “A cada tiempo su arte y, a cada arte, su libertad”, la década entre 1900 y 1910 representa una edad de oro de la innovación y la magnificencia artística.

Los artistas de la Secesión desarrollaron una nueva sensibilidad hacia la belleza de la línea. Esto afectó a la fuerza expresiva de la caligrafía, la comprensión del refinamiento, la emancipación de lo ornamental y, como nunca antes, a las fértiles posibilidades de la xilografía en color. Una de las técnicas de impresión más antiguas conocidas por el hombre, la del grabado con planchas de madera, había alcanzado un pico de complejidad gracias a Lucas Cranach y Durero, pero tras ellos, y durante casi 400 años, pasó a un segundo plano hasta la llegada de Paul Gauguin, Munch y, sobre todo, de los expresionistas alemanes, que empezaron a recuperar la técnica. La resistencia del material, la reducción del lenguaje pictórico y el mayor impacto de la línea y el color hicieron posible un nuevo tipo de gráficos que se adaptaron perfectamente a la sensibilidad modernista.

En la sede de la Secesión vienesa, el grupo se ganó la reputación de centro del desarrollo del grabado con planchas de madera, tanto estilísticamente como en términos de valor artístico. Las obras gráficas fueron protagonistas de sucesivas muestras, con la quinta exposición de la Secesión, que tuvo lugar entre finales de 1899 y principios de 1900, y que describía la xilografía como “la expresión directa y especialmente deseada de una intención artística”.

La sexta exposición de la Secesión se centró completamente en el arte japonés, destacando su estética sencilla y estilizada y su capacidad para combinar la fidelidad a la naturaleza con un lenguaje de formas abstractas. El catálogo se ilustraba con dieciséis xilografías, siete de las cuales estaban impresas en negro y nueve en color naranja. Los contemporáneos las describieron de forma ambivalente como “xilografías de líneas gruesas”, pero fue este grosor el que precisamente las hacía tan interesantes. Fue la inusual dureza de la madera lo que se tradujo en un nuevo arte de la línea. Desde marzo hasta mayo de 1904, una nueva exposición dedicó toda una sala a xilografías vienesas contemporáneas.

Igual de importante fue la revista del grupo de la Secesión, Ver Sacrum - Heiliger Frühling (Primavera sagrada), que publicó seis números entre 1898 y 1903. Durante este período, Ver Sacrum publicó no menos de 216 xilografías, la mayoría de ellas en color. En un artículo publicado con el título “Wir weshalb Eine Zeitschrift herausgeben” (“Por qué publicamos una revista”), los secesionistas habían explicado que formaban parte, al menos en teoría, del movimiento "Kunst-für-alle”. Su intención era dirigirse a todo el mundo, “sin distinción de clases ni fortunas. No reconocemos diferencia alguna entre el ‘arte académico’ y el ‘arte popular’, entre el arte para los ricos y el arte para los pobres. El arte pertenece a todos”. La xilografía en color permitió al grupo armonizar este círculo hecho de arte moderno, justificación social y accesibilidad a todo el mundo.

Los objetivos comunes de los secesionistas serían, sin embargo, víctimas de una ruptura radical en 1905, cuando, después de persistentes conflictos, Klimt y sus amigos renunciaron a seguir siendo miembros, perdiéndose no sólo el pabellón de la Secesión, sino también la infraestructura necesaria para organizar nuevas exposiciones. Habrían de pasar tres años antes de que el grupo de Klimt pudiera presentarse como colectivo. Sucedió, una vez más, en el marco de la Wiener Kunstschau. En 1910, el emocionante catálogo de patrones, animales, estudios de figuras, fantasías grotescas y tesoros tipográficos se había aletargado y reducido a simples variaciones de lo anterior. A pesar de su brevedad, esta edad de oro de la xilografía logró el éxito en su objetivo principal: la creación de un arte bidimensional de valor duradero. Gracias a su equilibrio entre áreas llenas y vacías, la línea y el color, lo curvo y lo angular, lo cercano y lo lejano, la simplificación y el refinamiento, la xilografía en color supuso una nueva conciencia artística dentro del movimiento “Arte para todos” y uno de los legados más intensos y sorprendentes en la estética moderna.