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Del día a la noche

Stephen Wilkes documenta lugares emblemáticos de todo el mundo desde el amanecer hasta el atardecer

Algunos lugares del mundo existen tanto en imágenes como en hormigón, piedra, acero y su topografía. El Palio di Siena, el festival Kumbh Mela en India, el Gran Cañón, el Campanile de San Marcos en Venecia o los tulipanes de Ámsterdam son lugares naturales o construidos por el ser humano que guardamos como imágenes fijas en nuestra conciencia colectiva, estampas congeladas en el tiempo y el espacio que nos cuentan quiénes somos y dónde estamos.

El fotógrafo Stephen Wilkes se propuso reinventar estos lugares tan emblemáticos. Sus imágenes, grandes y extraordinariamente detalladas, capturan no solo el lugar sino un día en la vida de ese lugar. El proceso de Wilkes es intensivo: se despierta antes del amanecer y toma hasta 2.000 fotografías desde un punto panorámico que luego retoca minuciosamente para seleccionar los mejores momentos del día y la noche. Estos instantes, ordenados temporalmente, se combinan a la perfección en una sola fotografía que da forma a un viaje consciente a través del tiempo.

Con los cambios en la luz y en las sombras, el resultado final son panoramas grandiosos de la vida y la tierra en movimiento: el rumor del tráfico, las multitudes que van y vienen, las nubes que se congregan, la iluminación de las calles... Y en medio de todo ello aparecen estampas de la vida y de la sociedad: grupos de turistas en el Sagrado Corazón posan para hacerse selfies de espaldas al edificio; la policía detiene a un hombre en el muelle de Santa Mónica; y una mujer en Coney Island sale a dar un paseo por la playa a primera hora de la mañana. Con la unión de miles de instantáneas sucesivas, Wilkes consigue que miles de historias coexistan en una sola imagen. Las fotografías se convierten en retratos no solo de antiguos lugares emblemáticos, sino también del comportamiento grupal, del incidente aleatorio y de la humilde rutina. Así, estos lugares de referencia pasan a ser parte de nuestra herencia compartida no en forma de imágenes congeladas, sino como baluartes de una humanidad viva y en evolución.

Todas las imágenes © Stephen Wilkes