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Entrevista con Allen Jones

El célebre artista pop habla sobre la empatía creativa y las supermodelos

Image courtesy Allen Jones
Image courtesy Allen Jones
TASCHEN: ¿Puede explicarnos algo más acerca del concepto y la creación de su pieza para la Edición de Coleccionista del libro sobre Naomi Campbell?

Allen Jones: Benedikt tenía muy claro lo que quería cuando me preguntó si me interesaba diseñar una caja para el libro de Naomi. Había visto una escultura acrílica del busto estilizado de una mujer que yo había hecho en Zúrich en la década de 1970 y le pareció una idea adecuada para su proyecto. Un estuche que no pretende retratar a Naomi, sino condensar toda su esencia.

TASCHEN: En 2013 trabajó también con Kate Moss, que posteriormente fue la imagen de su exposición en la Royal Academy de Londres. ¿Cómo sitúa la figura de las supermodelos en el contexto de su obra?

AJ: La supermodelo existe, esencialmente, como una figura virtual en los medios de comunicación. En el estudio, una mujer de carne y hueso como Naomi tiene la asombrosa capacidad de transformarse ante tus ojos en un ideal, tal como la contemplarías a través de la lente de la cámara. Cuando se encarga un retrato, se espera que el artista se entregue al retratado. Mientras que, cuando se crea arte, es el retratado quien se entrega al artista. Por ese motivo me genera mucha ansiedad que me pidan una obra. Por un lado, no quiero tomarme libertades con el retratado y molestarlo, pero tampoco me interesa comprometer mi arte.

TASCHEN: Ha calificado su arte como una personificación de la condición humana. Si bien en algunas de sus obras aparecen figuras masculinas y en otras, como ‘Man Woman’, ‘Sin-­Derella’ y ‘First Step’, las identidades de género se diluyen, gran parte de su práctica se centra en la forma femenina. ¿Qué expresa en particular la mujer acerca de la condición humana?

AJ: Matisse dijo que, en cierto sentido, toda la obra de un artista puede considerarse un autorretrato. Freud y el surrealismo demostraron que nuestro mundo interior es un tema artístico tan legítimo como el mundo visible que nos rodea. Siento una atracción compulsiva por la figura femenina y, cuando la dibujo, tengo la sensación de estar calcando un contorno sobre mi propio cuerpo. Me atraen las superficies lisas que apelan al tacto. Para mí, Ingres es más real que Degas.

TASCHEN: Ha vivido la mayor parte de su vida en el Reino Unido y se le considera una de las figuras más destacadas de la primera generación del arte pop británico, pero también vivió un tiempo en Estados Unidos. ¿Qué diferencias destacaría entre el arte pop británico y el estadounidense?

AJ: Viví en Estados Unidos durante unos cinco años en diferentes etapas, entre 1964 y 1978. El expresionismo abstracto ya había desafiado la tradición del arte representativo y su uso del espacio ilusionista. En la década de 1960, el espacio pictórico era uniformemente plano, tanto para Ellsworth Kelly como para Roy Lichtenstein, mientras que en el Reino Unido me cuesta pensar en un artista pop que no empleara un cierto ilusionismo. Antes de viajar a Nueva York creía que se debía a una falta colectiva de osadía, pero luego me di cuenta que no era más que una diferencia cultural.