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La vagina cósmica

El origen del mundo según el Dalai Lama

El origen del universo
El origen del universo
A finales del siglo XVIII, en una isla serena y rodeada de sauces detrás del palacio Potala, en el Tíbet, un artista desconocido pintó una vulva en la pared de un templo. Unos 150 años antes de que El origen del mundo de Courbet escandalizara a la alta sociedad parisiense y casi dos siglos antes de que la Iris de Rodin se abriera de piernas frente al tabú occidental, la bhaga o vagina cósmica del templo de Lukhang nacía para convertirse en una de las representaciones más extraordinarias y explícitas de la historia cultural.

Durante siglos, sólo el Dalai Lama tuvo acceso a esta asombrosa imagen. Cuidadosamente escondida detrás de unas cortinas de seda, formaba parte de un extraordinaria pintura mural situada en el último piso del templo de Lukhang, un espacio de tres niveles de estilo pagoda que se añadió a la residencia de invierno del Dalai Lama en Lhasa para su meditación y retiro privado.

El templo fue construido como un mandala tridimensional, una forma geométrica sagrada que simboliza el universo budista, cuyos tres niveles representan las tres dimensiones de la iluminación: la realidad externa, la experiencia interna y una dimensión trascendente más allá del espacio y el tiempo. Entrar en este edificio era descubrir un lugar para el esfuerzo y aprendizaje espiritual tan intenso como esotérico. Muchos tibetanos piadosos apenas sabían de la existencia del edificio, y mucho menos de los asombrosos murales de su interior.

Presentadas por primera vez con resolución a tamaño natural en Murals of Tibet, estas grandes pinturas son, según Thomas Laird, autor y fotógrafo del libro, la Capilla Sixtina del Tíbet. Luminosos colores rosa, dorado, verde y azul lapislázuli expresan la cosmovisión del Dalai Lama, un “mapa del Universo”, por medio de cinco áreas temáticas de la tradición docente budista dzogchen. Orientado hacia el descubrimiento y la continuación del estado primordial y de la condición natural del ser, el dzogchen o la “gran perfección” está considerado el camino definitivo y la más elevada de las nueve vías budistas para la liberación.

Contradiciendo los prejuicios reduccionistas occidentales, que ven el budismo como una práctica exclusivamente tranquila y “zen”, las enseñanzas dzogchen son muy exigentes con el cuerpo y la mente, y se basan en prácticas tántricas extremas cuidadosamente preservadas. Estas van mucho más allá de los consejos sexuales que suelen asociarse, de forma incorrecta, con el tantra en la cultura pop occidental, e incluyen ejercicios radicales de control de la respiración y posiciones de yoga muy intensas que pueden suponer un riesgo para la vida si se practican sin el conocimiento o la orientación necesarios. Asimismo, la práctica sexual tántrica, en palabras del Dalai Lama, requiere de “honda compasión u honda comprensión de Shunya o sabiduría” para evitar el mal karma.

La iconografía dzogchen es iguamente extrema. Al igual que en El jardín de las delicias de El Bosco, los murales ofrecen detalles gráficos que pueden llegar a ser horripilantes en contraste con paisajes exuberantes como de otro mundo. Bajo los cielos lapislázuli y retozando entre flores, cascadas y arco iris, encontramos extrañas criaturas híbridas, órganos destripados, cabezas y extremidades incorpóreas, halos de fuego, bailarines con cabezas animales y la vagina cósmica.

De acuerdo con la enseñanza dzogchen, al principio no fue la palabra, sino esta vulva. Con el uso del término sánscrito bhaga para enfatizar su significado cósmico en lugar del sexual o fisiológico, la vagina es anterior a los nombres. Mientras otras escenas del mural representan el origen y desarrollo de la vida humana desde la concepción hasta el nacimiento pasando por el cigoto, el bhaga es la matriz original, el lugar de nacimiento del mundo, en concreto de los cinco elementos en la cosmología dzogchen: tierra, espacio, fuego, agua y viento. El texto de la imagen de abajo reza: “Antes de la existencia de los (cinco) elementos, ni tan siquiera existía el nombre de los budas ni de los bodhisattvas; del espacio surgió el viento; del viento, el agua; y del agua, la tierra, que se convirtió en sostén de los seres sensibles. El viento surgió del interior del bhaga, desde el cual se manifiesta la humedad; y desde esta, la carne, el lugar permanente de la mente”.