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Humanidad bajo las balas

Steve McCurry en Afganistán

Durante casi cuatro décadas, el fotógrafo de Magnum Steve McCurry ha recorrido Afganistán y retratado sus espectaculares paisajes, sus bulliciosas ciudades, sus remotas comunidades rurales y sus incesantes conflictos, desde enfrentamientos entre clanes y etnias hasta la guerra de Afganistán (1979-1989) y la actual contienda liderada por Estados Unidos, la campaña en el extranjero más larga de la historia de este país. McCurry conversa con TASCHEN sobre cómo encontrar historias humanas en circunstancias tan precarias y sobre los peligros que ha tenido que sortear a lo largo del camino.


¿Puede hablarnos de su primer viaje a Afganistán?
Mi primer contacto con el país fue en 1979 en Pakistán, a través de algunos afganos que vivían allí como refugiados porque sus aldeas habían sido bombardeadas. En realidad no tenía pensado ir a Afganistán, pero cuando me contaron la situación por la que estaban pasando y me invitaron a ir y verla en persona, decidí aceptar su oferta y pasar un par de semanas allí para conocer lo que sucedía. Lo que vi me impactó mucho: una tras otra, las aldeas habían sido bombardeadas y destruidas. Estaban completamente abandonadas. Parecía que había un plan sistemático para despoblar el campo y expulsar a sus habitantes hacia el vecino Pakistán.


¿Y fue muy arriesgado cruzar la frontera?
Sí, lo fue. La verdad es que no conocía a las personas con las que iba a Afganistán. Todas estaban armadas, íbamos a una zona de conflicto y yo viajaba sin mi pasaporte. Cruzamos la frontera a pie. No había medios de comunicación ni carreteras, no había electricidad… Fue una experiencia desgarradora. Me preguntaba si podría volver.

Pero cuando llegué a conocer a la gente, me sentí mucho más seguro y me relajé. Me di cuenta de que eran sinceros y honestos y de que simplemente intentaban que alguien del mundo exterior viera lo que estaba sucediendo con la esperanza de que contara su historia al resto del mundo. Había una sensación de aventura… la de entrar en una especie de territorio inexplorado.

Entonces, ¿en ese momento no había nadie cubriendo la situación afgana?
Había muy pocos fotógrafos o periodistas que le estuviesen prestando atención. Afganistán es uno de esos lugares aislados, y aquella guerra en sus remotas montañas no llamaría la atención del resto del mundo hasta más avanzado el año, cuando la Unión Soviética decidió invadir el país con miles de soldados y de repente se convirtió en una gran historia global.


¿Puede contarnos algo sobre cómo se movió por el terreno? ¿Cómo llegaba a los sitios y entraba en contacto con las personas?
Bueno, yo siempre fui acompañado, en cada uno de estos viajes a Afganistán, por un grupo de muyahidines que me ayudaron a transitar por el país y me proporcionaron comida y refugio. No controlaban lo que fotografiaba o podía ver, pero necesitaba estar siempre con el grupo porque de lo contrario me hubiese quedado solo y sin conocer el idioma. En más de una ocasión, me tomaron por un espía ruso, una situación de lo más comprometida, así que necesitaba estar siempre con alguien que pudiera ayudarme. Por otro lado, no había mapas, ni GPS, así que hubiese sido muy fácil perderse.

¿Tenía una idea clara de lo que quería conocer y contar, la vida en los pueblos, en el campo o en las ciudades?
Bueno, yo estaba interesado en lugares como Jalalabad, en áreas que habían sido escenario de enfrentamientos, donde continuaban los combates, desde donde los refugiados salían hacia el extranjero y donde las aldeas aún estaban siendo bombardeadas. Estaba más interesado en la dimensión humana de la historia que en la guerra en sí. Había un flujo constante de refugiados que cada día salían de Afganistán y, una vez más, intentaban bombardear sistemáticamente todas las aldeas para que no pudieran ofrecer apoyo, apoyo local, a los combatientes. Creyeron que podrían someter al pueblo afgano. Fue una verdadera lucha a muerte y ser testigo directo de ella fue realmente extraordinario. De día había un flujo constante de refugiados que salían de Afganistán y de noche había un flujo constante de armas y municiones que entraban en Afganistán procedentes de Pakistán: miles de camellos y asnos y caballos cargados con cohetes y armamento. Era como una gran superproducción. Creo que el ejército de Estados Unidos gastó más tres mil millones de dólares en apoyar a los muyahidines.


Después regresaría a Afganistán en muchas otras ocasiones. ¿Podría contarnos qué fue lo que le cautivó del país? ¿Qué fue lo que le empujó a volver y explorarlo?
Bueno, parecía que esta historia avanzaba muy rápido y yo pensaba que en cuestión de semanas podría llegar a su fin. Así que quería regresar y ver cómo terminaba todo. Nunca sospeché que seguiría hasta hoy. Pero una vez conoces a la gente y el terreno algo se apodera de ti. Es algo en lo que te involucras, quieres ver cómo sigue y se desarrolla. Cada año parecía abrirse un nuevo capítulo; incluso a día de hoy, la historia no ha terminado. Quiero decir que nadie sabe exactamente cómo va a acabar esto.

Cuéntenos algo más sobre la geografía del país.
Bueno, todo el paisaje, especialmente en la zona oriental, con el Hindú Kush, es simplemente muy montañoso, muy dramático, con pueblos enclavados en valles. Me recuerda a las Montañas Rocosas, o a Colorado o Arizona, es realmente extraordinario y muy hermoso.


¿Hubo ocasiones en las que sintiera que corría un grave peligro?
Bueno, una noche estaba en una habitación de hotel cuando unos hombres armados entraron y me robaron todas mis pertenencias. Aquel día pasé un poco de miedo, sabía que en cualquier momento podían dispararme. También me detuvieron a punta de pistola un par de veces en mitad de la carretera, mientras conducía. Y luego, por supuesto, estuve en muchas batallas diferentes, con balas y cohetes y bombas cayendo por todas partes. Es un lugar muy peligroso.


¿Y cuál su opinión sobre el momento actual en Afganistán? ¿Tiene planeado regresar pronto? ¿Cómo ve el futuro del país?
Bueno, estoy seguro de que volveré en algún momento, especialmente si hay algún cambio en la situación, pero no a Kabul, donde siempre tienes que estar pendiente de lo que sucede a tu espalda. Es muy difícil caminar por las calles, porque, ya sabe, siempre estás con la preocupación de que te secuestren o te tomen como rehén. La última vez que estuve en Kabul, pasé tres semanas y no vi a un solo extranjero por la calle. A todos se les había dicho que era extremadamente peligroso salir al exterior. Me sentía como si estuviera en una ciudad sin ley. Y conmigo sólo tenía a un traductor, no escoltas armados. Así que creo que es arriesgado.

Y si la situación cambia, diría que lo hará en favor de los intereses talibanes. Tienen tiempo y pueden esperar mientras los estadounidenses, la OTAN y todo el mundo gastan miles de millones y pierden soldados. Los talibanes no se irán a ninguna parte. Esa es su casa. Creo que es sólo cuestión de tiempo que se llegue a un acuerdo político. Eso o ganarán ellos.

Según su opinión, ¿en qué se diferencia el fotoperiodismo del arte? ¿Cómo se ve a usted mismo y a sus fotografías de Afganistán en ese contexto?
Me veo a mí mismo como un artista que tiene su propia visión del mundo. La mayoría de mis fotos no se publican en revistas o periódicos. Se pueden ver sobre todo en mis libros y en exposiciones. Voy adonde quiero. Voy a lugares que me fascinan, lugares de los que quiero aprender algo y que deseo fotografiar, lugares que quiero descubrir y con cuya gente quiero estar. Pero creo que también hay un elemento documental: dejar testimonio de las personas y de la vida cotidiana. También en Nueva York me dedico a dar vueltas y tomar fotografías. Siempre me ha fascinado el comportamiento humano, el comportamiento animal; cómo la gente se relaciona con el medio ambiente y con sus mascotas y otros animales. Para mí, la parte más enriquecedora de mi vida es vagar por las calles de un pueblo, de una ciudad o por el campo y simplemente ver cómo viven las personas. Justo ayer estuve caminando por el parque de Washington Square, en Nueva York, y fotografié a gente leyendo en un banco, artistas actuando, gente durmiendo y parejas en la hierba. Cualquier cosa que haga la gente me parece absolutamente fascinante, ya sea en Nueva York, La Habana, Calcuta, Ciudad del Cabo o Moscú. Veo más que un continuo, más que una similitud, una suerte de comunidad global de personas de todo el mundo. No importa nuestra raza o la religión que profesemos, al final todos somos bastante iguales.


Usted dijo una vez que podría resumir su filosofía en pocas palabras: ser curioso y estar en la disposición mental adecuada. ¿Todavía lo mantiene?
Cuando uno vaga, explora y observa, la mente tiene que estar despejada. Entras entonces en ese estado maravilloso de vivir en el momento presente, en lo que oyes y ves. En ese instante es cuando creo que tu forma de observar se agudiza y de repente reaccionas a las cosas del mundo que te conmueven, que tienen sentido, que son divertidas o quizá tristes, o que de alguna manera revelan algo acerca de la condición humana.



© Todas las imágenes: Steve McCurry