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Grandes sueños en verde

La recuperación de la selva tropical con Sebastião Salgado y Lélia Salgado

Instituto Terra – RPPN Granja Bulcão – Panorámica
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Weverson Rocio, 2011
Instituto Terra – RPPN Granja Bulcão – Panorámica
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Weverson Rocio, 2011
Autillo chóliba (Megascops choliba)
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
Autillo chóliba (Megascops choliba)
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
Ocelote (Leopardus pardalis) encontrado en RPPN Granja Bulcão
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
Ocelote (Leopardus pardalis) encontrado en RPPN Granja Bulcão
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
Rana de flancos amarillos (Scinax fuscovarius) en RPPN Granja Bulcão
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
Rana de flancos amarillos (Scinax fuscovarius) en RPPN Granja Bulcão
© Instituto Terra’s Collection/Fotografía de Leonardo Merçon, 2012
El fotógrafo Sebastião Salgado ha visto y mostrado gran parte del mundo y de lo que en él acontece, desde parajes vírgenes, animales salvajes y costumbres ancestrales hasta estallidos de violencia, injusticias y conflictos catastróficos. Ha viajado a más de 120 países para documentar algunos de los problemas sociales y ambientales más urgentes y su labor ha quedado recogida en títulos fundamentales como Trabajadores, Éxodos, Niños, Kuwait y su «carta de amor al planeta», Génesis.

Menos conocido es el extraordinario proyecto que el fotógrafo desarrolla en su granja familiar en la cuenca del río Doce, en el bosque atlántico de Brasil. Allí, en 1998, Sebastião y su esposa y colaboradora creativa Lélia Wanick Salgado fundaron el Instituto Terra, una organización sin ánimo de lucro, socia de TASCHEN en proyectos medioambientales, que planta a planta y hectárea a hectárea trabaja en la recuperación de una selva arruinada.

Cuando Sebastião y Lélia adquirieron la granja, esta tenía enfrente un terreno baldío, laderas devastadas por años de sequía, erosión, agricultura agresiva y el deterioro del suelo. En línea con las preocupaciones mostradas en Génesis, su sueño era grande y estaba teñido de verde: devolver al bosque su exuberante abundancia y establecer ecosistemas viables y sostenibles.

Parte esencial del proyecto del Instituto son los grandes viveros en los que se cultivan algunas de las especies autóctonas más valiosas –muchas de las cuales solo se encuentran en esta región de Brasil– y luego se plantan durante la temporada de lluvias. En las etapas iniciales, el Instituto priorizó aquellas plantas de crecimiento rápido para que protegieran el suelo de la lluvia directa y mejoraran sus características físicas y químicas. A medida que la selva creció, el abanico pudo ampliarse hasta recuperar unos de los biomas más ricos del mundo. A día de hoy, el Instituto ha plantado cerca de dos millones de plantas de más de 300 especies endémicas y las tierras, en el pasado sin vida, están ahora cubiertas de genipas, cerezos, pimenteros brasileños y palos brasil, la especie que da nombre al país.

Gracias a la presencia de árboles, las criaturas de la selva tropical han podido volver, y con ellas la gran red de relaciones que conforma la biodiversidad. El cuidadoso seguimiento de la fauna en este área ha revelado la presencia de 33 especies de mamíferos, 16 de reptiles, 15 de anfibios y la asombrosa cifra de 173 especies de aves, que proporcionan al Instituto un coro de melodías exóticas de sol a sol y desempeñan un papel fundamental en la dispersión de las semillas. Entre estas bellezas emplumadas se cuentan loros, guacamayos, colibríes, halcones y los «reyes de la noche»: el lechuzón acollarado chico, el autillo chóliba y el búho pigmeo, todos ellos conocidos por su excepcional visión nocturna.

La reciente llegada de una familia de ocelotes a terrenos del Instituto es indicativa de la existencia de una cadena trófica sana y consistente que permite al felino vivir en la zona.

La interacción con la comunidad local ha sido fundamental para el Instituto Terra desde el principio, con Sebastião y Lélia decididos a promover la educación medioambiental, con especial atención a niños y estudiantes, al mismo tiempo que se extendía la selva tropical. Además de celebrar actos en los que se reúnen ONG, ayuntamientos y comités locales, el proyecto Terrinhas, elegido dos veces por la UNESCO programa modelo de educación medioambiental, instruye a niños de hasta 14 años sobre sostenibilidad con clases, conferencias, proyecciones de películas y visitas al Instituto para conocer el trabajo que allí se realiza. Al mismo tiempo, se imparte un curso de un año de duración sobre recuperación de ecosistemas con clases teóricas y prácticas dirigido a jóvenes de entre 18 y 24 años. El objetivo: formar a los expertos agroambientales del día de mañana.

Desde 2010, el Instituto Terra, junto a su trabajo en los viveros, ha extendido sus actividades a la «siembra de agua», un nuevo programa que tiene como objetivo la recuperación de los cerca de 370.000 manantiales que existen en el valle del río Doce.

Refugio seguro para la flora, la fauna y muchas especies en peligro de extinción, el Instituto Terra ha desempeñado un papel fundamental en la recuperación de la biodiversidad brasileña. Es también un ejemplo para todo el mundo de las posibilidades de éxito de los trabajos por revertir los daños infligidos al medio ambiente si actuamos con esmero y rapidez. En palabras de Lélia Wanick: «es posible recuperar lo que parecía perdido para siempre».

TASCHEN se enorgullece de trabajar en colaboración con el Instituto Terra. Para saber más acerca de nuestra campaña de reforestación y de compensación de emisiones pulsa aquí.